domingo, 8 de octubre de 2023

El poder de las historias 1. El relato como forma de cohesión social

El teatro también cuenta historias

Yo no sé muchas cosas, es verdad.
Digo tan sólo lo que he visto.
Y he visto:
que la cuna del hombre la mecen con cuentos,
que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos,
que el llanto del hombre lo taponan con cuentos,
que los huesos del hombre los entierran con cuentos,
y que el miedo del hombre...
ha inventado todos los cuentos.
Yo no sé muchas cosas, es verdad,
pero me han dormido con todos los cuentos...
y sé todos los cuentos.
                   
León Felipe, Llamadme publicano, (1950).





Todo empieza con una imagen; la más importante es la palabra, imagen fónica y mental. Estamos ligados a las ideas que son proyectadas por las imágenes percibidas. Las historias son imágenes complejas que contienen grandes pedazos de vida.

Entiendo por imagen cualquier proyección de la realidad que puede ser captada por un elemento receptor y me atrevo a afirmar que toda imagen es un relato parcial e ilusorio de la realidad a la que hace referencia. Sin embargo, resulta más que destacable la capacidad que tiene hoy la ciencia (forense o paleontológica, por ejemplo) para leer en imágenes mínimas o en vestigios microscópicos historias del pasado, identidades de asesinos, datación de hechos, causas de una muerte, etc. Podemos “saber” qué comían los Neandertales, cómo vivía el homo ergaster, de qué murió “Miguelón”, el del famoso cráneo descubierto en Atapuerca, incluso con qué sufrimiento y a qué edad. He puesto “saber” entre comillas, porque tenemos muchas más conjeturas e hipótesis que certezas, pero esto mismo nos pasa con la historia reciente y con la propia realidad que vivimos día a día. Todavía discutimos sobre hechos históricos recientes y no nos ponemos de acuerdo, por ejemplo, sobre el número de muertos que hubo en la Guerra Civil española. Aun sabiendo que no podemos tener jamás una cifra exacta, ni siquiera nos ponemos de acuerdo en cifras aproximadas.
¿Por qué? Pues porque la realidad no es reductible a imágenes que la representen objetiva y totalmente en ningún caso. Solo podemos reflejarla en visiones parciales, reduccionistas y abstractas que nos acerquen a ella de la mejor manera posible para nuestros intereses: hacer historia, hacer justicia, curar enfermedades, predecir catástrofes (piénsese en las predicciones meteorológicas), fabricar máquinas, etc.
Una vez más en este blog reproduzco aquí la imagen de Edward H. Adelson que muestra cómo nuestra mente interpreta la realidad de acuerdo a unos parámetros previos y que confirma la famosa frase del Talmud: no vemos las cosas como son sino como somos.


Existen muchas respuestas para explicar por qué vemos como distintas las casillas A y B del tablero cuando en realidad tienen el mismo tono y color, pero la respuesta más sencilla es que las vemos distintas porque sabemos lo que es un tablero de ajedrez o de damas. Es decir, las percibimos como distintas porque nuestra mente ha sido preparada por la experiencia para verlas distintas. Prueba de ello es la siguiente imagen, manipulada por mí, en la que ya no las vemos distintas, a pesar de no haberse modificado respecto a la de arriba. Solo manipulé algunas de las adyacentes para destruir la idea de tablero de juego.

 


Si algún lector no me cree, que pruebe a imprimir la fotografía de arriba y la de abajo, que agujeree las casillas A y B de la segunda y que la ponga encima de la otra haciendo coincidir los huecos con las casillas A y B de abajo.

La primera historia que contamos

Pongámonos en el lugar de cualquier persona que se levanta por la mañana y tiene que ir al trabajo, al colegio, a la universidad, a pasear, a hacer deporte, etc. Debe tomar unas cuantas decisiones conectadas con otras de los días anteriores: corte de pelo o pelo largo, en este segundo caso peinado, despeinado, lavado, con rastas, trenzas, lazo…; vestimenta (color, aspecto; ceñida u holgada; zapatos, afeitado o depilado, etc.) Podemos pensar en las infinitas variantes posibles según la persona, su carácter, el contexto en el que se prepara y al que se dirige. Pues bien, el aspecto que tenga una persona al salir de su casa es la primera historia que quiere contar al relacionarse con los demás. Incluso puede haber aspectos que buscan establecer el mínimo contacto posible con el prójimo, ahuyentar a los demás, pero el aspecto cuenta una historia de las personas, que será interpretada de forma subjetiva por las demás. Machado presumía de su "torpe aliño indumentario" y ese descuido era parte de su historia, coherente con su estética literaria posterior al modernismo.
Es decir: que una imagen, más o menos deliberada (me refiero ahora a cualquier imagen existente) cuenta una historia. Incluso las imágenes producidas involuntariamente (síntomas o indicios) cuentan historias, interpretables gracias a la experiencia y al conocimiento: huellas, residuos, manchas, desperfectos…
Todas estas historias nos sirven para establecer puentes o barreras con los demás. La manera de vestir y peinarse está de alguna manera en consonancia con la gente con la que nos relacionamos y con la que queremos que se relacione o no con nosotros.
Pero los humanos somos todo historias a la hora de relacionarnos. Cuando conocemos a alguien, observamos muy bien qué nos dice, de qué nos habla y cómo nos cuenta “su  historia”; y de ello depende que nos interesemos por una persona, que nos sea indiferente o incluso que la esquivemos. Hace poco tiempo me encontré a un antiguo compañero, muy avejentado, al que solía saludar y poco más porque no me caía especialmente bien. Me saludó, y en una debilidad mía, quizás debida a su imagen deteriorada, me paré a hablar con él. Me intentó colocar una de sus palizas habituales que yo no recordaba y me apresuré a despedirme con una excusa, dejándolo con la palabra en la boca. Siempre que lo he vuelto a ver he cambiado de acera o huido despavorido.
Podemos decir, como está de moda ahora, que “somos las historias que contamos”. Es una afirmación relativamente cierta, porque, aunque la imagen que damos con las historias forma parte de nuestro ser, esta imagen es, como todas, incompleta y falsa; más falsa cuanto más se aleja de nuestros actos, que también son recogidos en imágenes y que complementan estupendamente las historias que narramos para, juntos, proyectar una idea de nosotros más o menos verosímil.
Las dos fotografías de la página anterior son por una parte relatos y también parte de un relato, este ensayo, en el que trato de explicar mi forma de entender lo humano a partir de las relaciones interpersonales que se producen a través del intercambio de historias.

Existen estudios antropológicos que confirman esta hipótesis de que las historias que contamos son lo más importante para nosotros y para la comunidad. Destaco el titulado Cooperation and the evolution of hunter-gatherer storytelling, del año 2017, de varios autores, que apuntan claramente en este sentido ya en las sociedades más primitivas. La función de los relatos no es solo transmitir valores, enseñanzas o mitos, sino también la de servir de elementos aglutinantes para crear un espíritu social.
Este grupo de autores, liderado por Andrea Bamberg Migliano del University College de Londres, nos habla sobre la costumbre ancestral de narrar historias:

Según este equipo de antropólogos, para que un grupo humano coopere, no solamente hay que resolver el problema de cómo penalizar a los que no cooperan y se aprovechan de quienes sí lo hacen (lo que en inglés se denomina el problema del free-rider). También haría falta que los miembros del grupo compartan el conocimiento acerca del comportamiento de los demás; en otras palabras, no sería suficiente con saber cómo actuar en una situación dada, sino que los miembros del grupo necesitan saber que los demás también saben cómo actuar. Es lo que los autores del trabajo denominan metaconocimiento. En ese contexto, el lenguaje es esencial, por supuesto, como medio de comunicación, pero además del lenguaje es necesario que los miembros del grupo compartan normas y formas de actuación con los demás, y que lo sepan. Y para ello, -sostienen- las historias pueden ser instrumentos muy importantes. (Citado por Pérez, 2018)

Cuando una colectividad reúne un conjunto potente de narraciones y crea una serie de mitos comunes (a veces en torno a narraciones épicas concretas) está terminando de construir su “unidad patria”. Elijo estos últimos términos por su carácter expresivo exterior y por reflejar ambos los conceptos básicos que estamos manejando: cooperación e historia. “Unidad” es cohesión y cooperación, “patria” es historia común, árbol genealógico.

Como dice Yuval Noah Harari,

Cualquier cooperación humana a gran escala (ya sea un estado moderno, una iglesia medieval, una ciudad antigua o una tribu arcaica) está establecida sobre mitos comunes que solo existen en la imaginación colectiva de la gente. Las iglesias se basan en mitos religiosos comunes. Dos católicos que no se conozcan de nada pueden, no obstante, participar juntos en una cruzada o aportar fondos para construir un hospital, porque ambos creen que Dios se hizo carne humana y accedió a ser crucificado para redimir nuestros pecados. Los estados se fundamentan en mitos nacionales comunes. Dos serbios que nunca se hayan visto antes pueden arriesgar su vida para salvar el uno al otro porque ambos creen en la existencia de la nación serbia, en la patria serbia y en la bandera serbia. Los sistemas judiciales se sostienen sobre mitos legales comunes. Sin embargo, dos abogados que no se conocen de nada pueden combinar sus esfuerzos para defender a un completo extraño porque todos creen en la existencia de leyes, justicia, derechos humanos… y en el dinero que se desembolsa en sus honorarios. (Harari 2016, 65)

Pero no solo los mitos e historias comunes nos unen; también lo hacen los lugares comunes (tópicos) y las formas de educación e interacción sirven para crear vínculos entre las personas a partir de la historia que cuentan al usarlos. La forma de contestar al “¿Qué tal estás?” también cuenta una historia de ti. Mucho más todavía cuenta de ti el cotilleo que intercambias con tu vecino o vecina, amigo, compañero, etc., que os sirve para estrechar lazos o para discrepar estableciendo un intercambio de visiones morales del mundo, aunque sean algo superficiales.

Es decir, nos relacionamos también a través de las historias que nos contamos unos a otros y estas relaciones son de cohesión, de cooperación. Cuanto mayor es la cooperación y la entidad cooperadora, más relatos hay detrás de ellas: códigos, leyes, principios, novelas, películas, refranes, tópicos… Todos forman un gran relato, al que podemos llamar cultura, que nos une y nos diferencia de otras entidades. Cultura hispana, cultura anglosajona. Pero hoy en día hay un gran relato mundial que une a la humanidad por encima de estas diferencias culturales en una red gigantesca llamada Internet. Acabo de leer en El País que hay cinco mil millones de personas que usan teléfono móvil. Es decir, que usan el mismo mecanismo de comunicación con el mismo lenguaje, el llamado lenguaje máquina (IOS o ANDROID) dos tercios de la población mundial. ¿Se puede pedir más cohesión? Y quizás lo que más nos una son los vídeos más vistos en televisión, Facebook, Youtube, Instagram, Tik Tok, etc.

Reproduzco aquí una Charla de Harari en el TED que resume toda la teoría que expone en el libro citado después:







Bibliografía:

-Adelson, Edward H.(1995): Página web; (people/adelson.txt · Last modified: 2011/08/08 10:30 by rosenholtz) véase concretamente la siguiente dirección: 

http://web.mit.edu/persci/people/adelson/checkershadow_illusion.html. Consultada el 10 de mayo de 2009.

Bamberg Miliano, Andrea et all. Cooperation and the evolution of hunter-gatherer storytelling, Nature Comunications, 2017, web: https://www.nature.com/articles/s41467-017-02036-8, consultado el 18 02 2019


Harari, Yuval Noah: Sapiens: Una breve historia de la humanidad, ed. Debate. 2017.
Muñoz, Ramón “MOBILE WORLD CONGRESS. Dos tercios de la humanidad ya usan un móvil”, El País, 27-02-2019. https://elpais.com/tecnologia/2019/02/25/actualidad/1551107066_315467.html, Consultado en la misma fecha.

Pérez, J. I.: "Narrar historias promueve la cooperación". Cuaderno de cultura científica, marzo de 2018 https://culturacientifica.com/2018/03/05/narrar-historias-promueve-la-cooperacion/)



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