domingo, 8 de octubre de 2023

El poder de las historias 2. La mentira que nos une

Extracto de mi charla de fin de curso del año 2012 e el IES DO CASTRO de Vigo. He decidido publicarlo aquí después de leer el libro de Yuval Noah Harari "Sapiens" cuyas ideas conectan con la tesis de esta charla y que me ha inspirado también las entradas "El poder de las historias 3: Para un modelo unificado del conflicto" y "El poder de las historias 1: El relato como forma de cohesión social", publicadas en este mismo blog. Actualizo además la información bibliográfica congratulándome de la reciente aparición del libro Las mentiras que nos unen, de Kwame Anthony Appiah (2019), que sigue ahondando en este tema, lo que me impulsa a introducir al final de esta entrada una bibliografía básica respecto a "la verdad y la mentira como formas de cohesión social".



"La charla que os voy a ofrecer hoy lleva por título La mentira que nos une y trata de mostraros cómo todo aquello que nos hace formar grupos sociales compactos se basa en la renuncia a nuestras verdades individuales (por otra parte inseguras) en beneficio de las falsas convicciones o convenciones sociales.

Sostengo que casi todo lo que nos une es falso por definición, ya que se concreta en símbolos que tratan de representar los supuestos ideales comunes, las ideas y los principios que nos reúnen alrededor de entidades como la escuela, la ciudad, la provincia, el país, etc. Véase banderas, himnos, escudos, iconos, sex symbols, símbolos sagrados o profanos de todo tipo... Pero sabemos que no son más que eso, signos convencionales, dibujos, fotos, metáforas; es decir: señales, sustitutos, proyecciones; mentiras, al fin y al cabo.

Pero, antes de seguir, conviene determinar el alcance del término mentira en esta exposición. En primer lugar la oposición mentira/verdad tiene para mí dos vertientes fundamentales: 1º la de la sinceridad del hablante y 2º la de la semejanza de los juicios con la realidad.
Según el primero, si no somos sinceros o si simplemente nos callamos la verdad, estaremos entrando en el camino de la mentira. Callarse o no decir lo que se piensa que es verdad equivale a mentir, puesto que este verbo se define exactamente como eso, como no decir la verdad.

En cuanto al segundo aspecto hay que diferenciar muy bien los diferentes grados de falsedad de un juicio en relación con la realidad. Hay que tener en cuenta que la realidad nunca se puede ajustar estrictamente a los juicios que hacemos sobre ella, por lo que cualquier representación de esta no puede ser más que una aproximación, una simbolización, una mentira. No confundamos nunca la realidad con su imagen, sea esta de la índole que sea. Ahora bien, hay juicios, imágenes, metáforas, que sirven para comprender mejor la realidad y otros que parecen estar muy alejados de ella.

Pero no nos engañemos, las cosas que más han unido y unen a los humanos son grandes mentiras o grandes metáforas, si se quiere.

Cuando un soldado jura bandera, un ministro promete su cargo, un religioso bendice a sus fieles o un jugador besa el escudo de su equipo, lo que hacen es un acto físico al que le dan un valor trascendente, basado en sus creencias, en sus ideales, en sus sentimientos, pero que resultaría incomprensible para alguien ajeno a la cultura y a la simbología que rodea estos actos. Es decir, que el valor se le da por convención, por acuerdo, porque hay un código interpretativo pactado para darle ese valor.

Estos actos simbólicos pueden llegar a producirnos risa si pertenecen a culturas muy alejadas de las nuestras y, por el contrario, la burla sobre estos actos puede producir un odio y deseo de venganza enorme para el que los siente como verdaderos (véase el efecto producido por las quemas de coranes, caricaturas de Mahoma o ultraje de banderas).

Ahora bien, por mucho que creamos en un símbolo, sabemos que este no es más que una representación, una concreción física a la que atribuimos un valor por nuestra pertenencia a una comunidad, pero que en sí no vale nada, se puede reducir a materia (aunque sea lumínica). La patria no está en la bandera ni en el escudo ni en el himno. Es más, la patria no existe más que en la mente de la gente. Incluyo entre estos símbolos las monedas y billetes o el oro, que solo tienen valor en un contexto, en una cultura; pero que no servirían de nada en determinadas situaciones, como por ejemplo en una isla desierta, en un naufragio en alta mar o en otras situaciones que todos podemos imaginar.

¿Pero por qué he elegido este tema de la mentira y con qué intención?

Pues la razón de esta elección estriba en el hecho de que soy profesor de Literatura, la Literatura es ficción, se basa en la mentira y yo creo sinceramente que su validez (la validez del arte en general) estriba en que la mentira que representa es lo más común que posee el género humano, es aquello que nos une haciéndonos cómplices unos de otros, depositarios del secreto de la usurpación de la verdad.

Opino que la capacidad de usar el lenguaje para fingir y crear grandes mentiras tiene como objeto regular y permitir las difíciles relaciones con los demás (véase, por ejemplo, un matrimonio antes y después de un divorcio). La mentira está tan generalizada que la disfrazamos con otras mentiras verbales para mentir sobre ella.
La llamamos buena educación, buenos modos, tolerancia, comprensión, eufemismo, parábolas, alegorías, metáforas.

Todos estos términos son equivalentes y representan mentiras necesarias para la convivencia y para la comprensión del mundo; no son exactamente lo mismo que la hipocresía, pero se parecen mucho.

La mentira es admitida por todos. Sabemos que los políticos mienten más que hablan y sin embargo los votamos. ¿Por qué? Quizás porque cuando dicen la verdad o nos enfrentan a la realidad, nos gustan mucho menos todavía.

No olvidemos que nuestra madre nos mintió y nos empujó a mentir: “Hijo, siempre se debe decir la verdad”. “Oye, no se te ocurra contarle nada de esto a tu hermana”. Nuestro padre igual: “No le digas a Mamá que te di a probar la cerveza”. Los hijos nos mienten: “Papá, suspendí porque el de mates me tiene manía”. Los profesores os mentimos: “Aquí se va a aplicar la evaluación continúa, las clases van a ser activas y participativas, no hay que chapar, para aprobar hay que entender, el que no se sepa esto perfectamente suspende, atended porque esto es muy importante”.

Como decía una de las leyes de Murphy, Todos mienten, pero no importa mucho, porque total nadie escucha. Existe en Internet una página muy visitada y con versiones varias donde se enuncian las 30, 40 o 50 mentiras consideradas universales. Tengo aquí unas cuantas tan evidentes como tópicas:

Este año sí me pongo a estudiar en serio.
No te preocupes que no te va a doler.
Precisamente te iba a llamar ahora.
Juro que no vuelvo a beber nunca más en mi vida.
Paga tú, que mañana te lo devuelvo.
Se me perdió tu teléfono.
Pero si te queda muy bien ese vestido.
Quédate tranquilo que no se lo voy a contar a nadie.
El lunes empiezo la dieta.
¡Hola, papá! Me voy a quedar a dormir en casa de una amiga.
¿De veras? ¿Playboy tiene una página Web?

Para mostraros que la mentira nos une y la verdad nos separa, os invito a pensar en un tema literario universal pero tabú, una de las pocas verdades absolutas que posee el hombre y que nos encargamos de que permanezca oculta en nuestras conversaciones, hasta que no queda más remedio que abordarla, cosa que hacemos por medio de tópicos, eufemismos y disfraces para no herir sensibilidades, es decir, mentiras. Me refiero a la muerte, que es realmente lo que nos iguala, pero, por ser una verdad desagradable, alejamos de nuestras mentes con prudencia para que no nos separe. ¿Quién va a tener amigos si les habla a menudo de la muerte?

La vida social es un continuo fingimiento, un juego, un teatro, un espectáculo, un cabaret, una gran mentira en la que participamos todos con diferentes papeles, oficios, poses, imágenes; Todo ello lo hacemos para huir de la muerte, que es siempre verdad y no es un juego, es el final del juego, por eso no queremos saber nada de ella.

¿Creéis acaso que sería posible la convivencia siguiendo el precepto de decir siempre la verdad? No.

Supongo que casi todos conoceréis esa película que se llama Mentiroso compulsivo. Recordaréis que el protagonista tiene muchos problemas por su tendencia a la mentira. La sorpresa del espectador viene cuando por un hechizo se ve obligado a decir la verdad y tiene muchísimos más problemas que antes. Ahora sí que presenta un grave problema al decir siempre lo que piensa que es verdad.
Decía Jesucristo: la verdad os hará libres; y tenía razón; la verdad os libera de las amistades, de los admiradores, de las simpatías de los demás, del yugo de la sociabilidad, de la familia, de las fiestas de sociedad.

Y si no, preguntémonos cuál es el acontecimiento que más unió a los españoles en los últimos años: Una mentira: el campeonato del mundo de fútbol. En primer lugar casi nadie lo vio en directo sino por un aparato que mandaba la señal con retraso. De hecho hoy vemos casi todo por pantallas mentirosas porque proyectan imágenes, no realidades. Solo se trataba de once jugadores que ganaron un partido y fue convertido por arte de magia en algo histórico, que hermanaba a la patria, nos hacía más felices y mejores, un hecho irrepetible. Y además parecía que habíamos ganado todos, a todos nos ilusionó (palabra relacionada con iluso y derivada de ilusión que a su vez es sinónimo de mentira)

Pero ahora os estáis preguntando a dónde quiero llegar (y cuándo demonios voy a acabar). ¿Se tratará de un discurso cínico o relativista que os quiere transmitir que nada vale la pena? Vuestros padres estarán escandalizados pensando que sea esa la intención de esta charla.
Bueno, pues algo relativista sí que soy, aunque no me considero para nada un cínico. La Literatura está llena de aprendizajes en “la escuela de la mentira” (El Lazarillo de Tormes es un ejemplo); o de aprendizaje en el juego de rol (El Quijote), o en el deseo fantasioso (La Regenta). Y a veces la literatura y el cine nos transmiten hondas verdades a través de su fantasía.

Si algo os puedo aconsejar hoy es que desconfiéis de los más mentirosos de todos los hombres: los que se dicen poseedores de la verdad, los que nunca se confunden, los que utilizan las verdades evidentes como tapadera de su demagogia y de su manipulación. Esa es casi la única enseñanza que yo quisiera que extrajerais de mi batallita de hoy.

No os voy a decir quién miente y quién no, porque eso debéis descubrirlo por vosotros mismos; os quiero decir que todos mentimos un poco, unos más y otros menos, y vuestra madurez está en saber quién miente más y cuánto os perjudica. No dejéis que piensen por vosotros y sean otros los que os digan quiénes son falsos o verdaderos.

Quizás debiéramos tomar la vida como un juego (una ficción) como la del fútbol o el Cabaret, con unas reglas determinadas, pero nunca tan estrictas como para impedirnos jugar con una cierta libertad. Quiero haceros aquí una llamada a la tolerancia sin excepciones, porque todos somos algo mentirosillos y no debemos ver solamente las mentiras de los demás a la hora de juzgar. Recordemos que la vida solo merece la pena junto a los demás, aunque tengamos que ceder un poco de nuestra libertad y de nuestra verdad, que por otra parte, es también una ilusión, y ser tolerantes con las ideas que no compartimos, con las mentiras de los demás que son como las nuestras.

Parece ser que la única verdad absoluta que existe es que no existe ninguna verdad absoluta. Esta paradoja no nos resuelve la vida, pero nos enseña a desconfiar de los dogmas y de las verdades grandilocuentes. Ahora bien, no olvidéis que, aunque no haya más verdad cierta que la muerte, siempre debéis buscar el camino más cercano o aproximado a la verdad, a la realidad, pues lo que se aleja demasiado de ella es una quimera que solo servirá para engañarnos e impedirnos ser auténticos. Sabemos que hay muchas ideas y afirmaciones que están más lejos de la verdad que otras y lo sabemos gracias a los instrumentos que la Ciencia y la Cultura bien entendidas nos proporcionan, y que nosotros hemos intentado transmitiros durante estos años. Usadlos bien.

El último consejo que os quiero dar, y que se deduce de todo lo hablado sobre la mentira la vida y la muerte, está en la letra de tantos poemas que hemos visto estos años de Instituto bajo el signo del Carpe diem:


Y...Siempre Mira el lado brillante de la vida...
... Siempre Mira el lado luminoso de la vida...
Si la vida parece una bonita mierda
Es que has olvidado algo
Reir, sonreir y bailar y cantar
Cuando estés deprimido
No seas tan tonto
Junta tus labios y silba - eso es.
Y... Siempre Mira el lado brillante de la vida...
... Siempre Mira el lado luminoso de la vida..
Porque la vida es bastante absurda
Y la muerte, la palabra final
Enfréntate al telón con una reverencia
Olvida tu pecado
da a la audiencia una gran sonrisa
Disfruta, a fin de cuentas es tu última oportunidad
Así que... mira siempre el lado brillante de la muerte
Antes de exhalar tu último aliento
La vida es un poco de mierda
Cuando te paras a pensarlo
La vida es una risa y la muerte una broma, es cierto
Verás cómo todo es una farsa
Hazlos reír mientras te vas
Recuerda que la última risa será por ti
Y Siempre Mira el lado brillante de la vida...
Siempre Mira el lado bueno de la vida...
(¡Vamos, chicos, arriba ese ánimo!)
Siempre Mira El Lado Brillante De La Vida...
(Cosas peores ocurren en el mar, ¿sabes?.)
Siempre Mira El Lado Brillante De La Vida...
(Me explico - ¿Qué tienes que perder?)
(¿Sabes?, vienes de la nada - vuelves a la nada. ¿Qué has perdido?
Siempre Mira El Lado Brillante De La Vida...

Bibliografía actualizada a 22 de septiembre de 2019

Appiah, Anthony (2019). Las mentiras que nos unen, Taurus, Sabadell.

Bamberg Miliano, Andrea et all. Cooperation and the evolution of hunter-gatherer storytellingNature Comunications, 2017, web: https://www.nature.com/articles/s41467-017-02036-8consultado el 18 02 2019.

Harari, Yuval Noah: Sapiens: Una breve historia de la humanidad, Debate. 2017.

MacGregor, Neil: Vivir con los dioses, Debate, Sabadell, 2019.

Muñoz, Ramón “MOBILE WORLD CONGRESS. Dos tercios de la humanidad ya usan un móvil”, El País, 27-02-2019, web:

Pérez, José Ignacio: "Narrar historias promueve la cooperación"; Cuaderno de cultura científica, marzo de 2018 https://culturacientifica.com/2018/03/05/narrar-historias-promueve-la-cooperación

Puchner, Martin: El poder de las historias, Crítica, Barcelona, 2019.

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