martes, 23 de octubre de 2018

Circunloquio o perífrasis (alusiva y elusiva)

Perífrasis o circunloquio

Para definir esta figura es suficiente con lo expresado en la wikipedia:
-La perífrasis o circunloquio es una figura retórica que consiste en utilizar más palabras de las necesarias para expresar una idea o un concepto. Su función es evitar una expresión estereotipada o común utilizando palabras que la evocan sin citarla expresamente. La perífrasis pertenece al grupo de las figuras de pensamiento, es una de las figuras oblicuas consistente en designar de forma indirecta un concepto a través de un conjunto de sus características.

-Fundamentalmente se trata de dar un rodeo para evitar una expresión estereotipada o común más usual, utilizando para ello varias palabras que la evocan sin citarla de forma expresa.
Sin embargo conviene explicar la doble función que presenta esta figura en su uso literario
y que ya fue estudiada en la lírica gongorina. Se trat de su carácter a la vez elusivo y alusivo.
El carácter elusivo está claro en la definición: Su función es evitar una expresión
estereotipada o común utilizando palabras que la evocan sin citarla expresamente. Es decir,
eludir una palabra por diferentes motivos.
Lo que no está tan explicado es el carácter alusivo. Cuando sustituimos una palabra por
un grupo de palabras que significan lo mismo o algo parecido tenemos que elegir un
vocabulario, un registro y una sintaxis que aludan (es decir: hagan referencia indirecta)
a la palabra sustituida por medio de características, elementos adyacentes, elementos
descriptivos, definiciones, etc. Por ejemplo: A cuadrúpedo doméstico entregado como
obsequio no le hagas un examen ocular de la cavidad bucal sería un refrán perifrástico
en estilo culto y formal cuyo sentido entendemos porque conocemos el dicho, pero chocaría
con la forma popular y a veces vulgar de los refranes. Su uso tendría pues un carácter
humorístico, como este: En cavidad bucal obturada no penetran dípteros braquíceros.
Si buscamos en la poesía de Góngora, encontraremos un gran número de perífrasis
que pueden resaltar las cualidades de personas, objetos o acciones, la belleza o, a veces,
al contrario la vulgaridad, como ocurre en los versos de uno de sus famosos sonetos:

Clori, pues, que su dedo apremïado
de metal aun precioso no consiente,
gallarda un día, sobre impacïente,
lo redimió del vínculo dorado. →  se quitó el anillo

Mas ay, que insidïoso latón breve un alfiler
en los cristales de su bella mano
sacrílego divina sangre bebe: hirió su blanca mano (o pinchó)

Julio Cortázar también usa en su obra, casi siempre con fin humorístico, la perífrasis
alusiva, como se muestra en el estudio de Arrigucci (1).

José Martí muestra en su poema “Al buen Pedro” las enormes posibilidades de creación
de campos connotativos ricos y sugerentes alrededor de una mínima anécdota. Esta se
convierte en un epigrama perifrástico en el que critica al interlocutor (el buen Pedro) por
su frivolidad y sus lujos:




Dicen, buen Pedro, que de mí murmuras
Porque tras mis orejas el cabello
En crespas ondas su caudal levanta.
¡diles, bribón, que mientras tú en festines,
En rubios caldos y en fragantes pomas,
Entre mancebas del astuto norte,
De tus esclavos el sudor sangriento
Torcido en oro descuidado bebes,
Pensativo, febril, pálido, grave,
Mi pan rebano en solitaria mesa
Pidiendo ¡oh triste! al aire sordo modo
De libertar de su infortunio al siervo
Y de tu infamia a ti!
Y en estos lances,
Sueleme, Pedro, en la apretada bolsa
Faltar la monedilla que reclama,
Con sus húmedas manos el barbero.
                                                              José Martí: Versos libres


Veamos ahora, para terminar, un cuento de Julio Cortázar absolutamente genial en el uso
de la perífrasis como modo de indagación en las particularidades de los objetos y de los
conceptos:


Instrucciones para subir una escalera


Nadie habrá dejado de observar que con frecuencia el suelo se pliega de manera tal que una parte sube en
ángulo recto con el plano del suelo, y luego la parte siguiente se coloca paralela a este plano, para dar paso a
una nueva perpendicular, conducta que se repite en espiral o en línea quebrada hasta alturas sumamente
variables. Agachándose y poniendo la mano izquierda en una de las partes verticales, y la derecha en la
horizontal correspondiente, se está en posesión momentánea de un peldaño o escalón. Cada uno de estos
peldaños, formados como se ve por dos elementos, se sitúa un tanto más arriba y adelante que el anterior,
principio que da sentido a la escalera, ya que cualquier otra combinación producirá formas quizá más bellas o
pintorescas, pero incapaces de trasladar de una planta baja a un primer piso. 
Las escaleras se suben de frente, pues hacia atrás o de costado resultan particularmente incómodas.
La actitud natural consiste en mantenerse de pie, los brazos colgando sin esfuerzo, la cabeza erguida aunque
no tanto que los ojos dejen de ver los peldaños inmediatamente superiores al que se pisa, y respirando lenta y
regularmente. Para subir una escalera se comienza por levantar esa parte del cuerpo situada a la derecha abajo,
envuelta casi siempre en cuero o gamuza, y que salvo excepciones cabe exactamente en el escalón. Puesta
en el primer peldaño dicha parte, que para abreviar llamaremos pie, se recoge la parte equivalente de la
izquierda (también llamada pie, pero que no ha de confundirse con el pie antes citado), y llevándola a la
altura del pie, se le hace seguir hasta colocarla en el segundo peldaño, con lo cual en éste descansará el pie,
y en el primero descansará el pie. (Los primeros peldaños son siempre los más difíciles, hasta adquirir la
coordinación necesaria. La coincidencia de nombre entre el pie y el pie hace difícil la explicación. Cuídese
especialmente de no levantar al mismo tiempo el pie y el pie). 
Llegado en esta forma al segundo peldaño, basta repetir alternadamente los movimientos hasta encontrarse
con el final de la escalera. Se sale de ella fácilmente, con un ligero golpe de talón que la fija en su sitio, del
que no se moverá hasta el momento del descenso.  
Julio Cortázar: Historias de Cronopios y de famas.

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(1) Arrigucci: El alacrán atrapado. La poética de la destrucción en Julio Cortázar, Fondo de Cultura Económica, 2002, página 174 y siguientes.





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